Auscultar nuestro tiempo

Una necesidad de todos los tiempos, durante toda la humanidad el oído ha sido catalogado más que un órgano, un instrumento que ha fascinado a miles de escuchas en: discursos, en el sonar de la naturaleza, en la música de grandes genios de nuestra historia, en el silencio de grandes personajes y en lecturas entre otras.

 

En lo profundo de un oído una estética de la escucha de Peter Szendy ediciones/metales pesados es un libro de una belleza reflexiva, me di el lujo de leerlo siempre en un entorno de silencio casi absoluto, como si fuera un estetoscopio a mis pensamientos.

 

En 126 páginas el autor nos lleva por un índice variado, como un pensamiento horadado. La caverna del oído, su prefacio. Comienza con una exclamación; ¡qué encanto para quien tiene oídos detrás de sus oídos!-Nietzsche- pues en el hueco del oído no hay otra cosa que un oído, vaciado sin posición de si. La archi-roadmovie, o el enrutamiento de los sentidos I, nos habla de la imposibilidad sincrónica entre imagen y sonido; para eso utiliza el cine como instrumento de análisis. Cuando el teatro se escucha II, busca la escucha como origen de la escena; la lengua espolón de autores y freno de actores, silencio que en los soliloquios tiene la mejor expresión de escuchar el teatro. El oído de Derrida. <Escuchar>, Auscultar, puntuar III, nos muestra la auscultación mediada; pues al igual que la escucha de un paciente al no usar un estetoscopio se corre el gran riesgo de solo escucharse a si mismo, pudiendo dar inicio a una egofonía. Sondear IV, centra su trabajo en la auscultación; desde la anécdota de Laënnec el inventor del estetoscopio, hasta Donal Griffin que acuño el termino de ecolocación, colocación de objetos según sus ecos; la auscultación es una exploración una aventura en todas las formas de un objeto o cuerpo que nos otorga un sonido. Conversación secreta V, y ultimo ensayo nos muestra el dialogo entre A y B sobre música transcrito en el libro Aurora de Nietzsche donde se opone una música inocente con una culpable, donde el espacio es el transportador esencial del sonido.

El acento del que habla, el alma de la madera de un noble instrumento, el silencio que nos deja Chopin entre sus notas o los pensamientos que produce un soliloquio, el hiato de un amor o de valores o creencias retomadas. Todos espacios de detención, introspección y encuentro con nuestra propia materia y existencia. La raíz suele anteponer y contener nuestra esencia, como el jengibre al rábano. Auscultar debiera ser nuestra meta, elegir los instrumentos propios para escuchar el ¿por qué? y desde el ¿dónde? me hablan.

Tome este libro en silencio por respeto al trabajo de su autor, inicie lectura sin apuro, permitiéndome que entre frases puntos y comas escuchara más de mi raíz. En lo profundo de un oído es un aprendizaje a la escucha, donde el oír es el medio para lograrlo. Mis pensamientos al igual que muchos chilenos en estos días están en nosotros, en nuestra historia de siempre y reciente. Somos muchos los que buscamos un camino sin ser parte de aquellos que deciden, la frustración nos toma a todos, pero algunos sin escucha los desencaja hasta sus acciones, movilizando discursos que no logran y cumplen más que perjudicar los espacios de escucha, logrando en algunos casos (ejemplo) el vacío de las redes sociales, siendo el ataque y el ninguneo de la argumentación la única existencia, su razón de ser, quitando el agua al fruto de otras raíces.

Auscultar nuestros pensamientos y el de nuestro entorno debiera ser una herramienta, un tesoro para demócratas del siglo XXI.

 

Nicolas Fontaine 

4 de Enero 2020

Faro de la Nueva Extremadura 

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