Animales Habladores.

La formación actoral en su primer periodo contempla, en la mayoría de las escuelas, un estudio sobre el movimiento animal. Se busca conocer la kinetica de algún animal  para agudizar la percepción del motivo de su movimiento, entre otras cosas. Hasta el día de hoy algunos artistas escénicos construyen sus personajes pensando en los movimientos de algunos animales, de este modo, la observación da rienda suelta a la creatividad y la interpretación de estos sonidos y movimientos emitidos por otros seres vivos. 

 

 Eva Meijer. Escritora, artista, cantautora y filosofa nos trae el libro “Animales Habladores” conversaciones privadas entre seres vivos. Me senté a la intemperie dispuesto a escuchar mi entorno de pájaros volando entre los árboles, como música de fondo. La lectura comenzó como un intento de conocer a Marrón, mi perro schnauzer.  Durante años me negué a tener perro, por miedo, en mi infancia fui mordido reiteradas veces entre los tres y los doce años, cada vez que veía un perro cruzaba la calle o bien simplemente salía arrancando. Cuando llego Marrón, de tres meses, me propuse conocerlo y entender que es lo que gavillaba este miedo que me impedía conocerlo.  No pasaron muchos días y Marrón se transformó en un compañero de lectura y salidas caminar. Pero lo más importante, me sano de mi trauma infantil. Hoy los perros se me acercan y los recibo cariñoso, es como si tuviera un imán para ellos, puede haber varias personas con otros perros, pero ellos vienen a mí y yo lo disfruto como un niño.  

 

Después de estos antecedentes les puedo contar que mi lectura comenzó como un acto para buscar respuestas, y  agradecimiento a Marrón.  Eva Miejer, la autora, es un amante de animales de todo tipo, su libro es la recopilación de conocimiento adquirido desde su infancia hasta ahora. El libro es realmente interesante, su índice está compuesto por: hablar en el lenguaje humano, conversaciones en El Mundo viviente, vivir con los animales, pensar con el cuerpo, estructura gramática y descodificación, metacomunicación y por qué necesitamos hablar con los animales.

 

Nuestra forma de pensar en los animales está conectada con nuestra manera de tratarlos, pensemos que descartes consideraba que carecían de alma, por lo tanto, se deducía que los animales no poseían intelecto. Ahora bien, las hormigas podrían considerar que los humanos no son muy inteligentes, pues no son tan buenos en el trabajo en equipo, desde el punto de vista de las palomas podríamos ser considerados limitados, ya que nuestra percepción espacial es inferior; y desde el punto de vista de los perros, los humanos carecen la capacidad de poder guiarse por el olfato. Todo esto podría poner en jaque la tesis de las inteligencias múltiples de Gardner. Hemos definido a los animales desde nuestra cosmovisión, aludiendo a nuestro lenguaje como el único medio gramático. Sin embargo, la autora nos muestra lo equivocado que estamos, estableciendo que los animales tienen su propio lenguaje y  que su narrativa contempla en muchos casos sentidos de comunicación más desarrollados que los del ser humano. Ellos ya están metacomunicados.

 

La autora, por medio de diversos estudios aplicados, nos va narrando la construcción de un lenguaje variado en los animales, como el elefante, que se comunica tanto por su trompa como por su boca; Un animal que puede emitir sonidos en par como si tuviera dos bocas que hablan.  El elefante vuelve una y otra vez al lugar de sus muertos para recordar y honrar su historia.  La sorprendente historia de Washoe, el chimpancé criado entre humanos en la década del 20, que cuando su cuidadora no le tomo atención, se enojó, entonces la cuidadora le explico con gestos que había perdido a su hijo en su embarazo y Washoe miro el piso para luego hacer el gesto de un llanto para entregar su pésame.

 

Los perros, los cuales tienen desarrollado su olfato entre 100 a 3 mil veces mejor que el ser humano, son capaces de construir un relato desde el aroma e incluso distinguir los elementos que componen un organismo descompuesto. Si bien su vista es inferior a la nuestra, su nariz es capas de distinguir, desmenuzar el aroma de su casa, una plaza o el lugar donde camina.

 

Los delfines son animales fantásticos, sensibles al sonido y con gran sentido de la comunidad. Sus crías viven en manada y su padre son todos; el colectivo nace desde el origen, ya que la hembra se aparea con varios delfines en su época de celos, por lo tanto, la manada es responsable de la crianza. Un ejemplo de paternidad responsable.

 

La autora realiza una comparación con la visión de lenguaje de Platón “el lenguaje es inequívoco y un puro reflejo de aquello a lo que se refiere, así como de la noción de que el concepto de lenguaje se puede definir y conocer con claridad». Según esta concepción, el lenguaje tiene un significado preciso y susceptible de aplicación universal. La palabra está en movimiento y el significado inequívoco es rechazado, entendiéndolo como una opinión, no es posible ofrecer una definición del lenguaje, y esa forma de pensar enturbia a sí mismo su funcionamiento y el del significado. El lenguaje se utiliza de innumerables maneras, y el significado de las palabras y los conceptos, incluido el vocablo lenguaje, puede definirse en función de la situación.

 

La reflexión que realiza la autora sobre el lenguaje como un asunto público donde adquiere su significado mediante a su uso. Esto da pie para entender que existen conversaciones en «El Mundo viviente» que representan una expresión distinta, con una función social diferente a la de los humanos. El aullido de un perro de pradera puede significar si está en amenaza, si el intruso viene por aire o por tierra e incluso describir al intruso con detalles si es una persona, su tamaño, el color de su ropa, entre otras cosas. Los seres humanos cuando nos encontramos decimos hola. Los alcatraces, aves marinas monógamas, hacen exactamente lo mismo cada vez que su pareja regresa al nido, y ejecutan un extenso ritual de saludo, restregándose mutuamente la cabeza y el cuello. Las llenas mantienen fluidas relaciones sociales dominadas por las hembras en su interacción hacen uso de señales olfativas de sus glándulas anales que adoptan 252 disposiciones diferentes y forman un perfil individual que varía con el tiempo. Las langostas, por ejemplo, tienen unos pequeños conductos debajo de los ojos que están llenos de orina, con los que rocían la cara de sus congéneres. Los machos lo hacen cuando están luchando y, aunque las langostas pelean a menudo, recuerdan a su contrincante. Los lobos aúllan en variadas frecuencias dando pistas sobre su identidad y sobre sus relaciones; Los lobos cantan más tiempo y más alto a los lobos con los que tienen un vínculo más fuerte. Las abejas sin aguijón tienen un amplio repertorio de acciones para comunicarse, bailan hacen ruido y usan complejas señales químicas que están compuestas de diferentes colores, como palabras en una oración.

 

Darwin ya sostenía que la diferencia entre los humanos y otros animales es de grado, y no de especie. Tal vez la variedad de especies en un ecosistema hace que el lenguaje sea rico en expresión. Los humanos hablamos de comunicación e incluimos él habla y la gestualidad propia de cada uno, entonces, por qué no pensar que los animales manejan variados sentidos desarrollados que le permite construir de manera evolutiva una narrativa más compleja, aludiendo a un sonido específico un significado que tiene datos concretos como: distancia, aire, tierra, peligro, entre otros.

 

Animales habladores, conversaciones privadas entre seres vivos es el primer libro qué leo motivado por un animal, dejándome perplejo por el desconocimiento absoluto de seres vivos que nos acompañan desde siempre. Eva Meijer nos entrega un ensayo escrito con la pasión y el amor de una autora hacia el mundo animal y con la profundidad de un doctor en filosofía. Este libro es rico en citas y bibliografía, pero sobre todas las cosas es un ensayo vivo, que nos hace valorar y replantear el espacio que ocupan los animales en este planeta.

 

Agradecer a su autora y a Marrón quién fue el que motivó esta lectura.

 

Nicolás Fontaine 

28 de febrero 2023

Faro de La Nueva Extremadura 

 

 

 

 

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