El Juego Infinito

 

 

Inspirado en el <Tratado del juego finito y el juego infinito> del profesor James P. Carse escrito en 1986. Simon Sinek, autor del Empieza con el porqué y los líderes comen al final. Escribe <El Juego infinito> publicado por Empresa Activa.

 

El autor nos explica las razones de este libro, atribuidas a un mundo que marcha con tanta velocidad, que la escala humana desaparece tanto en el mercado como en la velocidad de las acciones, o eso al menos interpreto de la lectura. El juego finito son parámetros  acotados, más bien único, ganar o perder es la consiga, propio de una cultura avasalladora, como una conquista o una guerra santa.  En el juego infinito, los parámetros son variados, no se declara ni un ganador ni perdedor. El tablero es otro y sus condiciones están vivas, mutan y evolucionan como los organismos. Lo infinito es amplio y lo único que existe y queda cuando lo finito termina. Como el silencio que siempre se antepone frente al ruido. Un líder de mentalidad infinita no quiere simplemente construir una empresa que quede después del temporal, sino una que pueda transformarse cuando se enfrenta una tormenta.

 

El autor utiliza variados casos de empresa para relacionar lo finito con lo infinito. Una de ellas es: Victorinox, empresa de navajas suizas, que para el atentado del 11 de septiembre del 2001 sus ventas fueron afectadas drásticamente, la reinvención de la empresa se produjo por otorgar herramientas a sus trabajadores para reinventar la empresa. El 95% de sus ventas eran sus navajas antes del 2001. Posterior al atentado, se concentraron en la marca y en artículos de viajes. Relojes y fragancias, entre otros. Actualmente, las navajas representan el 35% de las ventas. Y sus ventas totales se han duplicado con relación a antes del 11 de septiembre. La decisión, si bien tenían liquidez para poder soportar la crisis, se sostuvo porque sus trabajadores y el proyecto de hacer empresa era más importante de lo que vendían, y la participación de todos era el camino para solucionar un el problema que es de todos.

 

En cambio, la  mentalidad finita arraigada en una organización genera una visión túnel, donde todos empujan en una sola dirección a un solo lugar y una sola salida posible de éxito. La visión infinita trasciende el producto/servicio y el mercado es mirado como el espacio donde todos quieren y deben ser parte. Lo infinito toma espacio en un mundo que cuestiona a todo aquel que posea algo de poder. Por mucho que las escuelas clásicas continúen enseñando un liderazgo finito, el cual Wall Street acepta. Al mismo tiempo vemos como la vida útil de las empresas comienza a cortarse cada vez más. Según un estudio de McKinsey la vida útil de una empresa  S&P 500 ha caído de más de 40 años desde la década de 1950, desde una media de 61 años a menos de 18 años. El tipo de cambio es cada vez más rápido.

 

La mentalidad infinita está basada en cinco prácticas relevantes, según el autor.

 

  • Promover una causa justa
  • Construir equipos de confianza
  • Estudiar a los dignos rivales
  • Prepararse para la flexibilidad existencial
  • Demostrar la valentía para liderar.

 

Interesante es el caso del botánico Nikolái  Vavílov quien dejo una carrera académica en 1920 para dedicarse al departamento de botánica de Leningrado, focalizado en la regeneración de múltiples semillas, más de seis mil, guardando así miles de plantas y verduras que podrían verse afectada por la guerra. En 1940 es arrestado y torturado por el estado ruso, quien había dado su vida para acabar con el hambre de la humanidad, murió de desnutrición en la cárcel en 1943 a los 55 años.

 

Las causas justas como  la de Vavilov, ya no son necesarias, son indispensables para la vida futura. La causa de una empresa (justa) es una visión de futuro que podrá no existir hoy, pero es el sueño de cada mañana. Como dice Sinek: En una organización que solamente este impulsada por lo finito puede que nos guste nuestro trabajo algunos días, pero es probable que nunca lo amemos. En cambio, si trabajamos para una organización que tiene una causa justa, puede que nos juste nuestro trabajo algunos días, pero siempre lo amaremos. Como nuestros hijos, puede que nos caigan bien algunos días y ortos nos, pero los queremos todos los días.

 

Con la brújula en la mano y la mirada fija más allá del horizonte, un líder tras otro se puede orientar con facilidad en el mar de tecnologías, políticas y normas culturales actuales sin que su fundador esté presente.

 

Una Causa Justa es:

 

  • Está a favor de algo: es afirmativa y optimista.
  • Es exclusiva: abierta a todas las personas que quieran contribuir a dicha causa
  • Está orientada al servicio: para beneficio principalmente de los demás
  • Es resiliente: capaz de resistir cambios políticos, tecnológicas y culturales.
  • Es idealista: Grande, valiente y, última instancia, inalcanzable.

 

Simon Sinek, contesta su propio porqué. Indaga en organización y casos famosos de éxito y fracasos. Su escritura, es la consecuencia de su propio círculo de oro. El qué y el cómo, en este caso, están al servicio de un porqué, donde va tomando fuerza un liderazgo que ve un mundo que se desintegra cada día; la necesidad de incorporar el sentido humano en las organizaciones, parte por tener que salvar nuestro propio planeta, ultrajado por nosotros, qué duda cabe eso, lo infinito es el movimiento el respeto a la evolución propia, no de nuestra especie, sino de todo lo que naturalmente pertenece a este planeta.

 

Útil, reflexivo e inspirador. Un libro para emprendedores, profesores y estudiantes. Un libro para ser mejor.

 

Nicolás Fontaine 

Faro de La Nueva Extremadura 

25 de mayo 2024

 

 

 

 

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