Capitalismo.

 

 

La economista Jeannette Von Wolfersdorff, nos trae Capitalismo -una historia sobre innovación, inversiones y el ser humano. Publicado por Taurus en junio 2022.

Comencé la lectura apuntando ideas, frases y autores que Jeannette nos regala en la lectura, con el objetivo de actualizar y buscar miradas distintas. Poco a poco esas ideas comenzaron a ser más extensas, los apuntes crecieron hasta el punto de transcribir varios puntos completos de algunos capítulos. Si la autora me autoriza, quiero compartirlo con los alumnos.  Por el momento dejo uno del los puntos del capítulo 2 tendencias autodestructivas, más adelante.

El libro, Capitalismo, si bien es presentado como un trabajo de historia, tiene elementos casi de antropología, realizando una lectura del pasado y de lo que podría ser el futuro, con una mirada amplia de la autora. Los sistemas políticos, la estructura social, la mirada de autores que están en las antípodas como Karl Marx y Adam Smith, como la neurociencia y la sociología y la importancia de la innovación en el desarrollo humano. Jeannette, no solo documenta, reflexiona, analiza y compara. Ella desafía la flexibilidad del lector a buscar los beneficios de Smith para un marxista y los de Marx para un capitalista. El conocimiento integrado que tiene la autora sobre la innovación le permiten deambular y profundizar. Una liberal.

Chile atraviesa un periodo bisagra en nuestra historia, independiente al resultado de la elección constitucional, lo que vendrá será distinto y debemos desarrollar la capacidad de ver ese horizonte en el futuro,  de anticipar o de disminuir los riesgos. El texto de Jeannette  Von Wolfersdorff se sube a lo alto de los libros que se han publicado en los últimos años en Chile y que buscan dar respuesta desde la industria y la organización al sistema político.

Me tomo la libertad de compartir algunos párrafos completos del libro, con el fin de promocionar la lectura de Capitalismo de Jeannette Von Wolfersdorff como un texto fundamental para estos tiempos.

En los siguientes párrafos que comparto con ustedes, corresponden al primer tercio del libro Capitalismo, textos transcritos  originales de Jeannette Von Wolfersdorff. Están algunos aspectos centrales de sus ideas, por razones de tiempo he tenido que dejar fuera muchos capítulos, espero que esto sea un incentivo para el lector, para mí lo fue, gracias Jeannette. Comencemos.

Una alta concentración de poder puede favorecer liderazgos y estructuras de poder excesivamente dominantes y verticales – de arriba abajo-, según confirman diversos estudios, y esa verticalización supone a la vez un riesgo para las democracias y para el propio capitalismo, porque perjudica la competencia y la cooperación, e impide, en suma, avanzar en innovación.

El académico de Harvard Calestous Juma (1953-2017) explicó muy bien la tendencia de aferrarse al status quo: las ideas diferentes y las innovaciones crean incertezas e incluso podrían causar un sentido de pérdida de identidad. Como observó Nietzsche, nuevas verdades en general no impresionan al mundo, a menos que convenzan al poder, o se les sumen. Si quienes deciden qué ideas, invenciones o hasta innovaciones se llevan a cabo y cuáles, en cambio, se frenan y desaparecen, son solo una pequeña élite, cerrada y poco diversa, la innovación difícilmente podrá tener carácter democrático, ni el nivel micro, y en cada empresa, ni macro, en la economía. Para que la innovación beneficie al bien común, los que le impulsan, promueven y financian también deberían tener un mínimo de diversidad, así como un poder limitado.

 

 

La creatividad individual, la creatividad colectiva

“demuestra la importancia Suprema de la creatividad, más allá del creador individual”

Déan Simonton.

 

La mayor parte del siglo XX  el capitalismo y el comunismo coexistieron en el mundo, el colapso de la Unión Soviética cerca de 1990 selló el fin de la mayoría de los estados socialistas reales. Hoy en día el sistema que reina a nivel internacional, sin apenas excepciones, es el capitalismo. Pese a todas las críticas que se le hacen, ha tenido un notable éxito en el mundo, principalmente porque sus objetivos coinciden bastante con las ideas y el deseo de las personas. Poder explicar las diferencias que existen entre las personas, por ínfima que sean, no solo es parte de la libertad de cada uno, sino también funcional en el sentido evolutivo.

El siglo XXI, el capitalismo busca renovarse y reencantar a las personas, lo tiene que hacer inspirado en dos conceptos que permitieron nuestra evolución durante el 99,9% del tiempo transcurrido en la fase pre capitalista del Homo, Competencia y cooperación, durante los cientos de miles de años anteriores al siglo XIX, cuando empezaron las revoluciones industriales.

 

Darwin describía la competencia por los recursos limitados en cada generación y el principio de la supervivencia del más apto como parte central de la teoría evolutiva. Origen del hombre, Darwin señala la importancia de la ayuda mutua, es decir, la reciprocidad en un grupo, y la conciencia de la importancia de su bien común serían el mecanismo que más favorecería la selección natural en la evolución. La importancia de la cooperación para la evolución, de manera complementaria al egoísmo, al individualismo y a la competencia, según resumen el biólogo matemático de la Universidad de Harvard, Martín Nowack:

  1. La reciprocidad directa (cuando un comportamiento cooperador es devuelto por el mismo individuo que lo haya recibido)
  2. La selección espacial (Cuando unos vecinos geográficamente cercanos a unos amigos de una red social tienden a ayudarte ayudarse mutuamente, armando clúster de apoyo mutuo)
  3. La selección de parentesco (cuando los individuos hacen sacrificios por sus parientes porque comparten sus genes y así se fomenta la propagación de los genes que la ayudante comparte con los receptores)
  4. La reciprocidad indirecta (cuando un comportamiento cooperador es devuelto por alguien, dado que este último también espera ayuda de un tercio, lo que al final fortalece al grupo entero)
  5. La selección de grupo (cuando los individuos cooperan para aumentar el bienestar del grupo en general)

Conceptos de cooperación y competencia han sido, entonces, complementarios en el proceso de nuestra evolución e innovación. Teóricamente, la idea de la <cooperación sin coerción> No es un tema menor: desde el inicio de la revolución agraria, más de 10.000 años atrás, cuando la humanidad había comenzado un proceso acelerado de acumulación de riquezas privadas, la organización humana se había basado, más bien, en la coerción dos. La competencia contra otros grupos (generalmente, de forma armada) y los trabajos forzados, vía la opresión y la explotación de las personas dentro del grupo, con el objetivo de cumplir los objetivos de las élites. El capitalismo cambia este carácter obligatorio -que se puede llamar colaboración forzada- y lo acerca a la forma de cooperación voluntaria que mayoritariamente existía durante el tiempo previo a la revolución agraria, cuando los humanos se organizaban alrededor de la casa y la recolección. En lo referente a la coordinación, el objetivo está relacionado con el proceso, mientras que él la cooperación lo está con el resultado. Estos dos procesos se diferencian, además, de Un tercero: la colaboración, es decir, El apoyo voluntario para alcanzar objetivos en común, algo parecido a la cooperación, pero que puede incluir también la alternativa de apoyar objetivos privados e individuales de otros. Qué duda cabe que el gran talón de Aquiles, pendiente desde hace dos siglos, y es justamente la creación explícita y conjunta de objetivos comunes y transparentes entre empresa y sociedad.

 

Qingdao, China. Pocos CEOs y presidentes han mostrado tanta voluntad para innovar, como el fundador de Haier, Zhang Ruimin.  Principal productor de electrodomésticos a nivel mundial, con casi, 100.000 empleados y ventas globales de casi, 30.000 millones de dólares en 2020 (Haiser Smart Home). Abandonando explícitamente el status quo de la típica organización empresarial vertical para crear una estructura organizacional flexible, basada en miles de empresas conectadas entre sí en las cuales las personas reciben remuneraciones, bonos y parte de las utilidades del negocio según el éxito comercial de los productos y servicios que idean y venden. Inspirado en el I Ching, un libro oracular escrito alrededor del 1200 a.C. En él, el mayor desarrollo humano se presenta como la interacción entre dragones, sin líder dominante. El reemplazo de burocracia interna y la eliminación de la idea de que el gerente lo sabe todo funcionan solo cuando se dispone de una arquitectura organizacional y de reglas claras, que en el caso de Haier se basan en la responsabilidad ante los clientes y sus pares, así como en incentivos claros para los equipos de trabajo y transparencia sobre el desempeño de todas las empresas del ecosistema.

 

La fuerza de varias personas tirando de una cuerda no aumenta linealmente al agregar más personas a la actividad, es el descubrimiento del ingeniero agrario Maximilien Ringelmann, Por el contrario, mientras el grupo más grande era menos eficiente. Por el contrario, el efecto koehler, que mostró un aumento de la productividad al trabajar en equipo. El psicólogo alemán Otto  Koehler hizo que varios equipos sostuvieran un peso en común; si un miembro del grupo se rendía, el resto no continuaba por mucho tiempo.

 

Es imposible crear innovación cuando solo existe la cooperación forzosa coma sin complementarla con la competencia.

 

Independientemente de quererlo o no, no sorprende que el capitalismo se impusiera mundialmente como sistema económico principal en la amplia mayoría de los países: ofreció a las personas desenvolverse de forma relativamente libre gracias a una mezcla de competencia y acción colectiva. No se basó principalmente en la cooperación, sino en la coordinación voluntaria de las más diversas partes.

Que la crisis financiera del año 2008, una creciente cantidad de economistas, filósofos y expertos de múltiples disciplinas han analizado este carácter autodestructivo del capitalismo y han vuelto a analizar los diagnósticos de Karl Marx. El capítulo tendencias autodestructivas, Aborda lo que se consideran las raíces de las diversas tendencias autodestructivas con un objetivo principal: que puedan contribuir como inspiración a la hora de conservar reformas necesarias del capitalismo. Porque hay solo una única alternativa viable, nos dice la autora, un capitalismo mejor regulado.

El sistema capitalista es muy eficiente en crear necesidades interminables, cada deseo que va más allá de las necesidades biológicas básicas está determinado culturalmente, el filósofo austriaco Peter Singer lo bautizó como necesidades creadas. Entre el exceso y la abstinencia, Aristóteles promovió el camino del medio: la moderación, tan importante ahora, cuando resulta evidente que el capitalismo tiene la responsabilidad de facilitar y aumentar la codicia prácticamente sin límites tanto para quien consume como para quién invierte. Mientras el verdadero altruismo no espera nada a cambio de sus acciones, el altruismo soft sí espera una cierta reciprocidad que en general es indirecta, esta variante se desarrolla ante todo entre individuos no relacionados Esta reciprocidad indirecta resulta ser clave para la humanidad donde las empresas sostenibles esperan reciprocidad de los inversionistas, de los consumidores y de la sociedad en general. Una codicia moderada que se parece al concepto del egoísmo pragmático de Wilson, promueve la cooperación, así como la estabilidad de relaciones sociales más complejas entre humanos. El problema principal que el estudio suizo detectó tiene relación con la dificultad de encontrar un nivel moderado de codicia. En su Teoría de los Sentimientos Morales, Adam Smith insinúa que existe una diferencia entre la motivación de moverse de acuerdo con un interés propio que hace funcionar los mercados, sobre la idea de producir valores útiles y recibir recompensas, y la codicia que es excesiva y romper el Fair play, especialmente cuando implica eliminar la competencia. Envidia y codicia son diferentes, pero hermanas cercanas. En ambos casos, la emoción se multiplica mediante las comparaciones con terceros.

 

No es que los humanos se hayan vuelto más codiciosos que en generaciones pasadas. Es que las vías para expresarla la codicia han crecido enormemente.

Alan Greenspan.

 

La codicia extrema no necesariamente implica un fraude, pero sí tomar en exceso a expensas de los demás.  Así se explica también por qué el capitalismo actual es considerado extractivo de valor. De hecho, el Consejo Empresarial mundial para el desarrollo sostenible, red de más de 200 gerentes de empresas internacionales, destaca la necesidad de transformar y evolucionar hacia un capitalismo  <que recompense la verdadera creación de valor, no la extracción de valor, como lo hace el modelo actual> En el caso de empresas grandes, esa codicia colectiva no es excusa, sino más bien consecuencia de la propia condición. En otras palabras, si, por ejemplo, los bancos más grandes en Chile tuvieran un interés real en mejorar la regulación del mercado, el sector entero sería más legítimo, innovador y sostenible. Mike Collins, columnista de la revista Forbes, no guardo mucho optimismo. El sistema financiero seguirá siendo <ingobernable, no regulable e hiperconcentrado>, de modo que sigue exacerbando esos dos conceptos que hicieron colapsar los mercados en 2008: <codicia y desigualdad>, Escribió en 2015. Sean Estados Unidos, entonces o ahora, en Chile, entonces o ahora, después de las protestas sociales del 2019, la actitud empresarial se parece mucho más a la posición de los empresarios en el siglo 19: en vez de hacerse partícipes de reformas y regulaciones necesarias, parecieran ser más importante frenar avances estructurales, aun cuando el costo sea la desconfianza coma las polarizaciones o las posteriores regulaciones mal implementadas. En Chile, el mejor ejemplo de ello son las administradoras de fondos de pensiones (AFP).

La codicia créalo que psicólogos llaman una visión de túnel: una obsesión por algo que puede hacer que todo lo demás parezca menos importante y que las personas olviden las consecuencias de su actuar, sea frente a la sociedad o frente a su propia situación futura.

A lo largo de la historia del capitalismo, la humanidad ha quedado atrapada en excesivas crisis y polarizaciones entre empresarios, entre empresarios y trabajadores o entre el empresariado y la sociedad. Las personas que detentan posiciones de poder, junto con las disposiciones de ciertos espacios para la toma de decisiones discrecionales, suelen ser comparativamente más codiciosas y tener a tomar más decisiones antisociales y corruptas. El poder eleva el riesgo de buscar enriquecerse a costa de los demás, según lo concluye el estudio de la Universidad de Lausanne. Este espacio es caldo de cultivo para los narcisistas, los cuales se distinguen en dos tipos.  El narcisismo grandioso y el narcisismo vulnerable, que se basa en miedo y baja autoestima. La autora de capitalismo se sumerge en las relaciones de poder, narcisismo y neurociencia, analizando esta última, según los últimos estudios, como un instrumento de distinción del prototipo de líderes Que acceden al poder. Lo mismo hace con las emociones, demostrando que el narcisismo está positivamente relacionado con el sistema que controla la motivación en el ser humano. Aun cuando la combinación entre testosteronas y dopamina podría explicar la excesiva codicia en personas con perfil narcisista y su afán de recibir más y más, lo interesante es que la dopamina tiene un efecto contrario en las mujeres. Una posibilidad para reducir el impacto negativo del liderazgo narcisista sería realizar análisis sobre los niveles del narcisismo de cada candidato.  De esta forma, el narcisismo deja de ser solo un desafío corporativo y se torna un problema estructural a la hora de realizar las transformaciones pacíficas que el capitalismo necesita en este momento a comienzos del siglo XXI.

Pese a su discurso sostenible, el capitalismo de hoy hace justo lo contrario: premia y refuerza a las personas narcisistas que se sienten superiores a los demás, que son incapaces de aceptar críticas e ideas distintas y que están dispuestas a manipular y flotar lo que sea que esté a su alcance para estar en el poder. Esta es quizás la razón central de todas las tendencias autodestructivas del capitalismo. El liderazgo por prestigio, como estilo de organización más equitativo y horizontal, predominó durante un período relativamente largo, desde 1,7 a 1,5 millones de años atrás, hasta cerca de, 13.000 o 10.000 años atrás. Probablemente en este periodo se creó la teoría del liderazgo que implícitamente persiste hasta hoy en la economía: democrático y participativo, como destaca el psicólogo evolutivo de la Universidad de Ámsterdam y Oxford Mark Van Vugt.

Interesante es el cuadro que diferencia entre el liderazgo vía dominancia versus prestigio desarrollado por Vugt, Smith, j.E. (2019)

Como relata Yuval N. Harari en su libro sapiens. A medida que las sociedades humanas se hicieron más grandes y socialmente más complejas, el liderazgo entre los humanos volvió a ser más autoritario y jerárquico, y además se puso formal.

 

El Consejo Mundial empresarial para el desarrollo sostenible 2021 señaló: el problema central es que el capitalismo, tal como lo conocemos hoy, no distingue entre la creación y la extracción de valor.  El privilegio de los retornos del capital financiero que sobre la conservación de otras formas de capital que despliega nuestra versión actual de capitalismo, ha provocado un agotamiento peligroso del capital humano, social y natural que sostiene la creación de valor económico. De manera adicional, se socializan los riesgos, mientras que se privatizan las recompensas, y las décadas de concentración de mercado están amenazando la competencia, una característica esencial y central del capitalismo.

 

Desde la revolución agraria sigue predominando el liderazgo dominante, con mayor concentración de narcisismo en gerencias y salas de directorio coma así como en modelos de negocios que prefieren las ganancias a corto plazo, el lobby e instrucciones top-down, en vez de innovaciones botton-up.

Los resultados del liderazgo dominante son mercados que tienen las siguientes características, precisamente a raíz de este estilo de organización jerárquica: mercado que funcionan en base a la extracción de valor, mercados que siguen concentrándose y que cooperan poco para él cambiar esta tendencia autodestructiva a través de mejores regulaciones, mercado dominado por hombres en las grandes empresas e inversionistas institucionales. Un claro ejemplo de este último es que en Chile (2019) la participación femenina en los directorios de empresa listada en la bolsa era apenas del 10 por ciento. Que en los mercados falten mujeres es una consecuencia de que el liderazgo se entiende todavía desde la dominancia y no desde el prestigio. El liderazgo actual de las grandes empresas Debiese estar fundado en diagnósticos e ideas, los gerentes deberían transformarse más bien en arquitectos de estructuras organizacionales en las cuales todos aportan ideas, destacaba Jim Collins ya en 1997.

La evolución siempre corre el riesgo de coincidir con altos niveles de agresividad. Por esta constelación, la única forma de prevenir las gestiones agresivas y dominantes también en los mercados es aumentar la inteligencia cognitiva < más allá> del peso de los problemas actuales. Eso solo es posible mediante menos liderazgo dominante y más liderazgo por prestigio.

Hay una esperanza al respecto: el hecho de que el ser humano lleve en su esencia ambos estilos de liderazgo proporciona una luz precisa que, al menos teóricamente, muestra que se pueden lograr mayores reconciliaciones en el ámbito económico.

 

 

Las brechas visibles en la riqueza podrían desencadenar procesos neurológicos y psicológicos que acaben la cooperación social, fue una de las conclusiones del análisis, dado que las personas pueden percibir sus estatus financieros como si fuera parte de una competencia, afirmó Nicholás Christakis investigador de la Universidad de Yale. Esta percepción reduce la destrucción creativa, qué es el proceso por el cual surgen continuamente nuevas innovaciones y empresas que hacen que las antiguas queden obsoletas, siendo la fuerza motriz del capitalismo, asegurando su perpetua renovación y reproducción, pero al mismo tiempo generando riesgo y problemas que deben ser gestionados y regulados. Este concepto se basa en los análisis realizados por Joseph Schumpeter, quién afirmó en 1942 que las empresas más grandes en mercados más concentrados puedan ser las más innovadoras debido a que pueden disponer de recursos y un mínimo de poder de mercado que ayude como protección frente a la imitación inmediata. El propio Schumpeter predijo que este proceso llevaría al capitalismo a su propia tumba: sería difícil evitar que la empresa impidiera nuevas innovaciones, una vez que hubieran crecido gracias a las suyas propias. En otras palabras se trataría de < salvar el capitalismo de los capitalistas> qué sugieren Philippe Aghion y Sus colegas, citando el título de un libro de los economistas Luigi Zingalés y Raghuaram Rajan. Aunque a primera vista este diagnóstico parece contrario a los análisis de Schumpeter, es, en realidad, complementario. Así, la relación entre innovación y competencia podría sintetizarse, de forma simplificada, en una U invertida. En otras palabras, el capitalismo está en riesgo permanente de ir eliminando su base y razón de ser: una inmensa capacidad de incentivar y financiar innovaciones. Veamos el Gráfico 2.1.

A inicios del siglo XXI, la cuarta revolución industrial presenta un desafío estructural por el hecho de que las innovaciones superan cada vez más las capacidades de entender las de los reguladores, políticos como ciudadanos y la sociedad en general. A la complejidad general de regular mercados que tienen la concentración, se suma entonces el desafío de innovaciones que se desarrollan de forma tan exponencial que la brecha para establecer una adecuada regulación frente a tecnologías adictivas, manipuladoras e invasivas será cada vez más grande coma lo que es riesgoso <si los responsables de las políticas públicas no están mejor informados en un futuro, tenemos pocas esperanzas de regular efectivamente el desarrollo de tecnologías que impacten profundamente el comportamiento humano y el Bienestar Social> señala Annemarie Bridy, Experta acerca del impacto de las nuevas tecnologías y asociada al Stanford Center for internet and society. Al igual que en el siglo XIX, asociadas a riesgos de inestabilidad y gobiernos autocráticos. Una de las causas podría ser la misma que llevó a la inestabilidad hace 150 años. La tendencia de las élites a no reconciliar intereses a tiempo y, en cambio, presionar activamente el ámbito político con el fin de favorecerse especialmente a sí mismas. Justo ahora, la sociedad espera regulaciones en los mercados frente a las nuevas tecnologías, y también en el ámbito de la sustentabilidad y la transparencia, mientras que las elites trata de ignorarlas o favorecerlas, o al menos no coopera adecuadamente. Precisamente los nuevos negocios tratan de posicionarse en nichos monopólicos <la competencia es para los perdedores… el monopolio es la condición de todo negocio exitoso> sentenciaba Peter Thiel, fundador de PayPal en 2014.

Las empresas requieren de innovación, pero la mayoría tienen estructuras y procesos de trabajo que frenan la creatividad y esa misma innovación.  Lo que ocurre a nivel personal se repite a nivel organizacional: la mayoría de las empresas grandes no pone el foco en crear organizaciones que faciliten la competencia y la innovación relata Gary Hamel, Principalmente por querer mantener la comodidad del poder. En el caso de Chile se puede observar directorios de empresas con una alta presencia de abogados, familiares y ex autoridades del Estado, personas conectadas políticamente que, a menudo, repiten asientos en otras empresas del mismo grupo económico. Estos directorios no buscan impulsar nuevas ideas ni la innovación, sino defender o ampliar el status quo mediante gestiones políticas. Las personas creativas suelen ser cuestionadas en el mundo que las rodea, así lo demostró el sociólogo Everett Rogers en 1962.

 

2.3 el círculo autor reforzante: el sistema nos forma  (transcripcion)

 

El capitalismo, igual que cualquier otro sistema, influye sustancialmente en cómo las personas perciben el mundo y en cómo se perciben a sí misma y son.  Quizas es ello lo más asombroso de nuestra forma de organizarnos económicamente en la sociedad: no solo buscamos crear un sistema acorde a lo que somos y queremos, sino que el propio sistema también nos va formando, lo queramos o no. Cerca de 1859 fue Karl Marx quien escribió en el prefacio de su obra <crítica de la economía política> quién es la organización económica la que determina el ámbito social, político y espiritual de la vida en general. No es la conciencia de las personas las que determina su ser,  sino al revés punto nuestra idea e imaginación son expresiones de la vida real, escribía Marx, y así < no es la conciencia la que determina la vida sino la vida la que determina la conciencia> para Marx, en algunos casos este proceso era más complejo aún. También la conciencia, como decía Hegel, puede ser capaz de cambiar la situación de una persona punto quien lo expresó de forma más poética fue el ensayista español José Ortega y Gasset en sus meditaciones del Quijote:< yo soy yo y mis circunstancias, y si no la salvo a ella no me salvo yo>, escribía en 1914, generando un gran debate filosófico. Lo cierto (y comprobado por múltiples estudios) es que una buena parte de la conciencia humana se debe a la vida misma,  en todas sus dimensiones: al lugar físico donde uno esté, al trabajo, al marketing omnipresente de las empresas, a las comunicaciones y regulaciones, a los gobiernos y a los productos de las cuales uno se rodea.

 

Una parte de nuestra personalidad y de nuestra conciencia, lo que pensamos que somos, también está condicionada por las características del sistema económico y político. Cuán cierto es eso, se puede constatar con el ejemplo de Alemania, país que fue dividido en dos partes después de la Segunda Guerra mundial. Por el lado occidental, se construyó una sociedad capitalista, y por el lado oriental,  una socialista. En ambas partes,  el sistema político y el sistema económico, que son inseparables, impregnaron todos los aspectos de la vida, con consecuencias profundas para las personas.

 

En La Alemania oriental (RDA), la cooperación y lo colectivo, bajo una ideología socialista, eran de suprema importancia, tanto así que la educación se podía castigar a los alumnos cuando destacaban en materias específicas o cuando mostraban opiniones e iniciativas individuales. Según los educadores de la RDA,  el individualismo era un problema central. La meta de lograr un máximo de sentido colectivo fue tan al extremo que aquellos niños que no mostraban una subordinación total al sistema podrían terminar siendo enviados a centros especializados para <corregir el carácter> y educar para el trabajo en la economía socialista allí, ninguna decisión se podía tomar solo punto hasta para ir al baño había tiempos fijos y se iba en grupo hacia artefactos que no siempre tenían muros de separación.  Así la RDA trató de crear conscientemente una sociedad de trabajadores y agricultores como un gran colectivo equitativo, inspirados en teorías comunistas y leninistas. Su base económica no eran los mercados abiertos,  sino una economía planificada estatalmente que se fue caracterizando por los desabastecimientos y la poca productividad,  así como por una capacidad productiva que quedó obsoleta por la falta de competitividad e innovación. No obstante, los diversos relatos de las personas que vivieron con este sistema hacen recordar también aspectos positivos, como una mayor cohesión social y el sentido de comunidad y apoyo mutuo, por ejemplo entre los vecinos. En Alemania occidental, en cambio,  la economía posguerra se fue formando como sistema capitalista, basado en las inversiones privadas, el consumo masivo,  los mercados abiertos y una visión claramente individualista. Ambos sistemas marcaron profundamente a las personas que los experimentaron. Recientemente, un estudio demostró que aquellas que pasaron su infancia y adolescencia en el sistema capitalista occidental presentan, un promedio, un mayor narcisismo, comparado con las que crecieron en Alemania oriental. Estos niveles más altos se observaban en varias dimensiones: el deseo pronunciado de tener éxito y ser reconocido, la percepción de poder manipular a otras personas y la facilidad de enojarse cuando se enfrentan a opiniones distintas o cuando falta reconocimiento, así como la tendencia a esconder errores y debilidades frente a los demás. En línea con estos resultados otro estudio llevado a cabo por académicos de las universidades alemanas de Marburgo y Bielefeld, así como el Banco Central Europeo, comparó en 2015 características claves de personalidad de alrededor de 15.000 personas de la antigua RDA y de Alemania occidental. Según este análisis, 25 años después de la caída del muro entre ambos países, sigue habiendo diferencias claras entre este y oeste. En comparación con los habitantes de Alemania occidental,  los que crecían en la RDA se mostraron en promedio menos abiertas a las experiencias nuevas y, así, tendían en términos generales hacia una menor creatividad y originalidad. Como el régimen de la RDA restringió severamente la libertad individual en la vida privada y también en el trabajo cómo se explica que las personas que crecieron en la RDA fueran más reacias a adoptar nuevas ideas e innovaciones que los alemanes occidentales. Además, las personas que crecieron en la RDA seguían mostrando, aún décadas después, una tendencia a sentir menos control sobre lo que ocurría en sus vidas (< locus de control>); A la vez, tendían a ser más cuidadosos en el trato con los demás. En las personas de Alemania oriental dominaba un mayor grado de autocontrol, autodisciplina, irresponsabilidad y la preferencia de seguir un plan, antes que actuar de forma espontánea. En suma,  el capitalismo occidental marcó a la sociedad, haciéndola,  narcisista, pero, a la vez, más innovadora y abierta lo nuevo. Por otro lado, el socialismo autocrático oriental tuvo como resultado personas con personalidad más respetuosa y menos narcisista, aunque menos abierta e innovadoras y así, menos competitivas en lo económico. Las huellas que ambos sistemas dejaron en el carácter de las personas son, además, decisivas para el desarrollo de la sociedad en el futuro en materia de salud, bienestar personal y en el ámbito económico,  lo que podría llevar a procesos auto reforzantes.

 

 

Aun cuando el caso alemán es una experiencia extrema,  no deja de ser relevante para entender el profundo impacto que los sistemas, tanto políticos como económicos, dejan en los más íntimos de un ser humano: en su personalidad y en su conciencia.  Así, también, se entiende lo que está en juegos cuando se debate sobre <el modelo>. No solo se trata de debatir ajustes en el ámbito económico, sino ajustes que, finalmente, repercuten en toda la sociedad, permeando incluso a nivel de la personalidad.

 

Un breve tabla de la experiencia extrema de Alemania. 

 

 

Jeannette Von Wolfersdorff afirma que el capitalismo es, probablemente, el mejor sistema económico posible. Premia al espíritu emprendedor y la aceptación de riesgos, maximiza el foco en el cliente y confía en los mercados para asignar recursos escasos, como los resumió una vez Gary Hamel experto en gestión. El capitalismo influye al ser y hacer de las personas por efecto de El consumo y,  ante todo, del dinero y el poder sobre el cerebro humano el poder aumenta la testosterona en las personas, lo que incrementa la dopamina, por lo que las personas se sienten bien y premiadas. Pero, al igual que una droga, la dopamina necesita siempre más, razón por la cual la codicia aumenta con el poder. Dado que el poder eleva la testosterona, además bloquea una parte del cerebro que es responsable de la empatía y la cooperación; En promedio, esta situación se da especialmente en los hombres. Los estudios muestran, además, que no solo el narcisista busca el poder, sino que el poder hace al narcisista. Las personas con poder se convierten finalmente en prisioneras de su posición, de sus ventajas, de su función, dijo Václav Havel, presidente, escritor y dramaturgo checo. El poder, con todas sus ventajas, corrompe, sospechó de mí mismo, afirmó Havel. El efecto neurocientífico del poder y del dinero sobre las personas es probablemente la principal explicación de por qué resulta tan difícil conversar en firme con los gremios empresariales sobre la sustentabilidad de los mercados o de por qué la autorregulación de los mercados no funciona. ¿Qué hacer y cómo avanzar?, nuestro futuro depende de la innovación que crea valor para las sociedades, pero el problema es que no ocurre sola, sino que necesita condiciones. Ante todo, requiere de un capitalismo más dinámico, en el sentido de conducir constantemente a más innovaciones y meta innovaciones para mejorar las regulaciones de los mercados y más constructivo en el sentido de crear -no extraer- valor para la sociedad.

 

Vale destacar también que el mundo académico y los organismos internacionales llevan al menos medio siglo debatiendo cómo complementar las estadísticas oficiales de crecimiento económico según el Producto Interno Bruto (PIB) con datos sobre la calidad de vida, el daño al medio ambiente u otras externalidades negativas. Por el contexto actual y pasado se propone mejorar sustancialmente la transparencia de los mercados, de forma obligatoria en concreto, ello implicaría: crear y consensuar a nivel nacional e internacional estadísticas económicas considerablemente mejores, definir una nueva transparencia mínima para las empresas a partir de cierto tamaño, más allá de estar listadas en bolsa o no y mejorar sustancialmente el acceso a datos de las empresas.

 

El capitalismo influye en casi todos los niveles de la vida humana, pero no es regulado con una visión sistémica. Sin esta visión, al unirse las diversas políticas, se produce normalmente una estrategia económica de carácter Frankenstein donde una política se contradice con otra.  Es también el caso de Chile. Lo que falta es la innovación no solo en los mercados, sino también una meta innovación en la forma como los países crean políticas económicas y regulan sus mercados. Para esto existen recomendaciones sobre una futura regulación que ante todo, y se propone explicitar una política económica coherente para la economía, con objetivo estratégico claro que den un marco de acción definido a los actores. En concreto ello implicaría, crear una planificación estratégica a nivel económico. Así, quizás, se daría un espacio renovado a la autorregulación, al lado de las regulaciones, sobre todo cuando se trata de medir sus resultados. Establecer un Consejo Regulador de mercado, autónomo y especializado, con el objetivo de crear propuestas de regulación promercado y sostenibilidad. Este Consejo, ante todo, debiera permitir dedicar esfuerzos continuos a la regulación a favor de la competencia, la innovación, el crecimiento y la sostenibilidad, sin necesariamente exponer a economistas específicos cuando se trate de proponer regulaciones contrarias a los intereses de los grupos económicos o las empresas más grandes.

 

Jannette Von Wolfersdorff, Concluye que las economías se desarrollan cuando logran impulsar la innovación como su principal motor de crecimiento. Incluso cuando hay países que no quieren innovar, un primer paso debe ser sincerar esta decisión y, junto con ello, precisar qué tipo de capitalismo se busca entonces y con quién objetivos estratégicos. Cuando los países innovan, generalmente el resultado de una decisión explícita de querer innovar, lo que implica eliminar los frenos y distorsiones que existen para ello y reemplazarlo por incentivo.

 

Nicolás Fontaine

29 de junio de 2022

Faro de la nueva Extremadura 

 

 

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